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Brasil está desnutrido
Felipao (se pronuncia Felipón) cuenta que para ganar el título mundial 2002 con Brasil, iba a los entrenamientos y les leía a sus muchachos párrafos del libro “El arte de la Guerra”, un texto de hace 25 siglos en el que Sun Tzu, un general chino, explica que una victoria depende más de los aspectos morales e intelectuales de los oficiales y de las circunstancias de la batalla que del poderío de los ejércitos.
También les pasaba videos a sus muchachos del automovilista Ayrton Senna y, principalmente, les mostraba imágenes de las derrotas brasileñas y el sufrimiento que generaban entre los torcedores.
Felipao es técnico ahora de Portugal y está entre los cuatro mejores del mundo, y Brasil no. Scolari introduce todos los días papelitos por debajo de la puerta de sus jugadores. Les escribe frases del libro “Volando como un águila” de Joao Roberto Gretz, un agricultor que se marchó a Sao Paulo para estudiar historia y escribir libros.
Felipao alimenta el alma de sus jugadores y en eso Brasil estuvo desnutrido en este Mundial. Ayer, en Frankfurt, como en otros partidos, el pentacampeón mundial paseó su esqueleto.
Parreira no pidió diversión, sino orden. Y los jugadores en vez de hacer diabluras parecían estar en penitencia. Hasta Ronaldinho cambió. Con sus llegadas impecables, sus pases elegantes, la consagración de la belleza, se erigió como el mejor futbolista del mundo.
Mucho de lo que ofrecía pertenecía al mundo de lo estético, a la conjunción de la armonía con los recursos técnicos y físicos, en el pedregoso mundo actual del fútbol. A veces parecía entregado a atender la exigencia de belleza de la tribuna y descartar las cosas mundanas del juego, como ganar los partidos.
Ronaldinho fue grande por esa virtud. Jugaba tan bien que el resultado era algo ajeno para él. Llegó a la selección brasileña y lo obligaron a jugar para ganar. En ese momento algo se quebró en su espíritu de alegrías a horario corrido.
El Mundial ingresa a su semana final. No hay ninguna selección sudamericana en esta fase decisiva. Antes de Alemania 2006, la sensación era que 31 selecciones debían luchar por el segundo puesto. Este periodista contradijo ese favoritismo brasileño y escribió que era muy difícil que la verdeamarilla logre el hexacampeonato porque estaba llena de obligaciones y eso no le gusta a los jugadores más alegres del mundo. Ayer este vaticinio se cumplió ante mis propios ojos.Fonte: El Bocon (Peru)
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